Oba Es Muerto - Entrevista Bajo Cero Issue #1

Foto: Oba Es Muerto
Texto: Bajo Cero Magazine & Oba Es Muerto
Foto: @obaesmuerto


La basura también habla

Oba Es Muerto es el alias del autor que decide separar su identidad personal de su práctica creativa, poniendo el foco en la obra antes que en la figura. 

Lo que comenzó como una vía para retomar el rap ha derivado en una exploración plástica centrada en la calle, donde la basura se convierte en soporte y punto de partida.

Su proceso, cada vez más directo e intuitivo, dialoga con el azar, el entorno y el ritmo de la ciudad, transformando objetos desechados en piezas que alteran su valor y significado.

Entre la influencia del hip hop, el dibujo y una mirada crítica hacia la etiqueta de “artista”, su trabajo se mueve en un equilibrio entre anonimato, libertad y experimentación.

Bueno, ¿quién es Oba, tío?

Pues… Oba, o el nombre completo de Oba Es Muerto, es un personaje que yo me invento para, en un principio, recuperar mis inquietudes musicales dentro del rap, para volver a ponerme a rapear, la verdad.

Yo antes había estado siempre rapeando y tal, pero llegó un momento en el que me cansé, me quemé un poco y desarrollé un poco de manía a poner la cara todo el rato.

Y bueno, llegado a cierto punto me volvieron a entrar ganas, pero tenía claro que quería poner una distancia, que me tenía que inventar una especie de personaje. No lo digo desde un sentido de superhéroe, pero no quería utilizar mi propio nombre y decir: “Hola, soy Nico y rapeo”, sino que quería tener otro nombre.

O sea, que en ese momento empezarías a ponerte un aka, ¿no?

Sí, exacto. Era un aka, simplemente apoyándome en esa cosa de: este es el nombre, este es el personaje que rapea.

Y personaje tampoco lo digo como una cosa de superhéroe, de decir: “De día soy esto y de noche estoy superciclado y mato malos”. No era algo contrario a mí.

Era más esa barrera entre la persona y la vertiente musical o artística. Decir: “Cuando rapeo utilizo esto, tengo ese espacio.”

Un poco el símil con MF Doom cuando se hacía su otro aka...

Claro, pero sin llevarlo al extremo. Porque ahí sí que había una profundidad artística e incluso marketiniana.

En mi caso no llegaba a tanto. Era simplemente decir: “Quiero rapear, pero no quiero poner mi cara ni mi nombre. Quiero que sea algo ajeno a mí como persona, que pueda desarrollar dentro de ese cajón. Lo abro, hago eso, lo cierro y sigo con mi vida”.

Y lo que pasa es que con el tiempo empecé a permitirme pintar más en mi estudio. Luego empecé a pintar en la calle y al final Oba Es Muerto se convirtió en un cajón de sastre donde metí todas mis inquietudes creativas y artísticas.

Lo creé para volver a rapear y casi le he dado más caña pintando que rapeando.

¿Te reconoces en la etiqueta de artista o te resulta ajena?

Me encanta esta pregunta, tío, porque me cuesta mucho reconocerme en esa etiqueta.

¿Síndrome del impostor o...?

Sí, un poco por eso, por síndrome del impostor, por pudor también. Y te diría que incluso hay un toque de cierto rechazo.

Creo que hoy en día las palabras se han convertido en hashtags, en keywords para algoritmos. Y palabras como artista, arte, reciclaje, se utilizan muy a la ligera.
Entonces eso me genera rechazo. No porque me crea mejor que nadie, sino porque noto que a veces se usan de manera muy algorítmica.

Con el tiempo he tenido mejor relación con eso, sobre todo cuando he compartido más lo que hago y he dejado que la gente me diga lo que le transmite. Pero no es algo que me salga natural decir: “Soy artista”.

¿Te verías mejor con la etiqueta de personaje público?

Ni de coña. Tampoco.

De hecho, el tener un aka me permite no convertirme en eso. A mí me interesa más la obra que el artista.

Yo soy el primero que cotillea en Wikipedia la vida personal de cualquier personaje, pero por mi parte prefiero que se mire la obra, no a mí.
Si algún día esto se hace viral y tengo un aire de personaje público, pues ok, pero no es lo que busco. No quiero que me miren a mí, quiero que miren lo que hago.

Es como si no quisieras estar en el centro, pero todo te rodea.

Puede ser. Tengo ego, claro, a nadie le amarga un dulce. Pero tengo claro que me interesa más que el foco esté en la obra que en el artista.

Prefiero que alguien vaya por la calle y diga: “¿Eso qué es?” a estar yo diciendo: “Miradme”.

¿En qué momento del día aparece la necesidad de dibujar?

He reflexionado mucho escribiendo el libro y me he dado cuenta de que el dibujo siempre ha sido para mí una herramienta de liberación, de asueto.


Siempre he estado garabateando desde pequeño. No pintando retratos perfectos, pero sí dibujando constantemente.

Y cuando empecé a pintar basura en la calle me di cuenta de que lo que hago ahora está conectado con ese hilo que siempre he tenido desde la infancia.

¿Y cómo nació lo de dibujar la basura?

Tuve que hacer memoria para rescatar cómo empecé con esto. Un día vi un tablero en la basura y pensé: “Esto se puede pintar”. Me lo llevé al estudio, lo pinté como forma barata de tener soporte.

Sin intención ecologista ni intención de artista callejero. Simplemente: esto se puede pintar”.

Luego empecé a dejarlo otra vez en la calle. Y poco a poco una cosa llevó a la otra.

¿Te devuelve algo la ciudad?

Yo creo que yo le devuelvo algo a la ciudad La ciudad me da basura, yo la modifico, me divierto, y la devuelvo. Y esa misma gente que la tiró de repente dice: “Anda, ¿qué es esto?”. Es un círculo divertido.

Has llegado a ver obras tuyas en Wallapop.

Sí, fue una vez. Me hizo gracia. Además lo vendían por doce pavos (risas). Me parece anecdótico. Igual que ver tablones míos en un anuncio de Idealista. Son cosas curiosas.

¿Te interesa que alguien conecte profundamente con tus dibujos?

No es prioritario. No busco una conexión emocional profunda. No busco que alguien recuerde un acontecimiento importante en su vida al ver un dibujo mío Para mí lo importante es el acto de dibuja en sí mismo, y luego el poder darle la vuelta a la basura.

¿Cuáles han sido tus influencias?

 Me gustan las caras porque me parecen divertidas de dibujar. Cambias un ojo, una boca y cambia la expresión.
Por otro lado, yo descubrí el graffiti a través del hip hop y también me ha influenciado de alguna manera. Me gusta el desorden, esa cosa sucia que puede tener el graffiti.

No tengo una influencia tipo: “Vi un cuadro de Basquiat y me cambió la vida”. Es un cúmulo de cosas.

¿Tu trabajo podría existir igual en otra ciudad?

Sí, es una actividad urbana. Pero en mi recorrido vital, Madrid ha sido capital para desarrollar este personaje.

¿La música apareció como necesidad paralela al dibujo?

El dibujo viene antes. Es más infantil, más natural. La música llega en la adolescencia cuando descubro el hip hop.

Yo conecto ambas por la sensación de libertad. Dibujar me daba libertad, el hip hop también. Esa sensación de “puedes hacer lo que sea”.

¿Cómo nace la idea del libro?

Yo soy traductor y contacté con la editorial por curiosidad, por ver si podía haber una conexión de trabajo. Como lo hice desde mi perfil de Oba Es Muerto, vieron lo que hacía y me propusieron hacer un libro.

Al principio dije que no. Pero hablando, me acabaron convenciendo y yo también vi que podía ser un proyecto bonito.

¿Te interesa que el lector conecte contigo?

Sí. Al principio quería hacer un libro sin hablar de mí. Pero entendí que era necesario implicarme para que tuviera verdad. Así que sí, quiero que el lector conecte o al menos que le despierte curiosidad.